Chicha, chicha!

Amigos,

Por fin he dejado de ser vegetariana y no es que haya eliminado la verdura de mi dieta, noooo! Ahí sigue… cada día. Pero bueno, ya me estoy acostumbrando. Y no es de extrañar porque a los quince días de empezar con las dichosas judías verdes, la cosa mejoró sustancialmente gracias a un gran amigo: EL POLLO! Sí, ya sé que no os parecerá muy tentador eso de comer un revoltillo de patata, zanahoria, judía y pollo hervido, y encima en puré, pero creedme si os digo que es una alegría para el cuerpo. Puaj, puré de pollo! Admito que no suena nada bien :). Entiendo que no esté en ningún menú, salvo en los de los comensales de mi edad que aún no podemos revelarnos. Bueno, más de una madre/padre no estará muy de acuerdo con esa afirmación.

Y como no todo en la vida es comer, os preguntaréis qué más hago ahora mismo. Pues bueno, sigo intentando dormir mejor, pero es que cada día descubro cosas nuevas y no puedo parar de practicar. Por ejemplo, he aprendido a pasar de boca abajo a boca arriba. Pues como con mi ajetreo diario (paseos en cochecito con mis abuelos, comidas varias, venga viajes arriba y abajo con mis padres en coche) me queda poco tiempo para mí, tengo que aprovechar cuando me voy a la cuna. Nada más me tumban mis padres, tachán! clavo la cara en el colchón y me impulso para dar la vuelta. El problema es que no sé recuperar la posición inicial. Papás, paciencia!

Por cierto, de gatear nada, pero creo que voy por buen camino. Yo me impulso con las piernas, pero algo falla. No sé qué hacer con la parte delantera de mi cuerpo para avanzar. Creo que la barbilla no es el motor que busco. Seguiré probando. :O

Hasta pronto!

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